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Dolor de espalda

Dolor de espalda

¿Qué es el dolor de espalda?


El dolor de espalda puede tener muchas causas.
Una hernia discal o una fractura de médula también pueden causar dolor lumbar.
La ciática es otro tipo de dolor que se produce en la parte inferior de la espalda y recorre el nervio ciático situado en la parte posterior del muslo, a través del glúteo
La mayoría de las personas padecerá dolor de espalda en algún momento de su vida. El dolor de espalda puede ser desde una pequeña molestia constante hasta una repentina punzada de dolor agudo que dificulta el movimiento. Puede aparecer de manera rápida tras una caída o al levantar un objeto muy pesa
Si padeces dolor de espalda podría resultarte difícil realizar determinadas actividades, por lo que podrías ver interrumpida tu vida diaria y reducida tu calidad de vida. Movimientos como subir escaleras, levantar objetos pesados (u objetos que normalmente podrías levantar sin dificultad) podrían resultarte complicados, y podrías sentir hormigueo o entumecimiento al moverte o al quedarte quieto.do o ir aumentando de manera progresiva.


¿Por qué sentimos dolor?


El dolor es una sensación molesta, y algunas personas hacen lo imposible para intentar aliviarlo. Si no pudiéramos sentir dolor, seríamos incapaces de evitar lesionarnos una y otra vez o causar daños a nuestro cuerpo de manera permanente. El dolor se ha convertido en un mecanismo de defensa que nos avisa de la existencia de lesiones y así contribuye a proteger el cuerpo.
El dolor está controlado por el sistema nervioso y es un proceso complejo.
Se produce cuando un estímulo externo, como tocar una sartén ardiendo, activa las células nerviosas receptoras para que envíen un mensaje desde la médula espinal al cerebro. Dichas células receptoras son capaces de sentir calor, frío, luz, tacto, presión y dolor. El dolor puede asimismo ir acompañado de otros síntomas físicos, como náuseas, mareo y debilidad.

Síntomas


El dolor de espalda puede manifestarse de distintas maneras, y su intensidad puede ir de leve a intensa, afectando la movilidad de la persona.
Entre los síntomas del dolor de espalda se encuentran las molestias musculares, el dolor punzante, el dolor que se irradia hacia abajo por la pierna limitando la flexibilidad o la amplitud de movimientos de la espalda. Puede sentirse como una especie de hormigueo o quemazón, una molestia leve o un dolor intenso.
En función de la causa del dolor en cada persona, también se pueden sentir molestias en la pierna, la cadera o la planta del pie, así como experimentar síntomas de debilidad en piernas y pies.

Entre los tipos de dolor de espalda se encuentran la lumbalgia, la dorsalgia y la cervicalgia.
La lumbalgia es el más frecuente, y afecta a la zona comprendida entre la base de las costillas y el principio del muslo. Por el contrario, la cervicalgia no es un trastorno tan frecuente, aunque sí produce molestias y dolor considerables. El dolor de espalda se manifiesta de dos maneras: el dolor agudo que se produce de repente y suele tener una duración inferior a seis semanas, y el dolor crónico que se puede prolongar durante más de tres meses. El dolor crónico es menos frecuente que la lumbalgia, la dorsalgia y la cervicalgia.


COMO TRATARLO?


Cuando aparece un dolor o malestar solemos buscar alternativas que solucionen rápidamente el problema para poder seguir con nuestra rutina. En este caso, la automedicación con un antiinflamatorio o analgésico (o ambos) es la opción más recurrente, pero ¿hacemos lo correcto?
Todos tenemos estos medicamentos en nuestros botiquines y a menudo recurrimos a ellos para tratar dolores cotidianos. El hecho de que, en función de la dosis, sean de venta libre y no necesiten receta, puede tener como consecuencia un mal uso y abuso. De lo que no somos tan conscientes es que, a medio y largo plazo, un exceso puede conllevar problemas gástricos, hepáticos y cardiovasculares.
Los antiinflamatorios son los medicamentos cuya función es la de detener o reducir la inflamación de una parte concreta del organismo. Esto suele conllevar una disminución del dolor asociado, produciendo también un efecto analgésico. Por ejemplo, al reducir la inflamación de la garganta, el dolor y malestar también se reducen. Otra función de los antiinflamatorios es la de servir como antitérmicos para combatir la fiebre.
Hay dos grandes tipos de antiinflamatorios: los corticoesteroides, cuyo principio activo es la cortisona o sus derivados, y los llamados “AINES” (Antiinflamatorios No Esteroideos), entre los que se encuentran estos principios activos bastante comunes: ibuprofeno, dexketoprofeno o naproxeno.


Otra opción es la de uso de antiinflamatorios tópicos, los cuales se pueden obtener sin receta y tienen una posologia de 3 veces al dia.


Un ejemplo es el   diclofenaco dietilamina 23.2 mg/g VOLTADOL FORTE.

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